lunes, 21 de septiembre de 2020

Como motivar a los alumnos

                                                  Como motivar a los alumnos




Para lograr que los alumnos encuentren las clases suficientemente interesantes es necesario potenciar su motivación intrínseca, es decir, el interés que sale del interior del propio alumno o alumna. Es importante también ayudar al chico a que encuentre un valor en el aprendizaje que le pueda ayudar en su vida cotidiana. En ocasiones, será una utilidad claramente práctica y en otras en forma de sólida base de conocimientos y competencias que le faciliten poder desenvolverse con soltura en los retos y situaciones de la vida.

Algunas claves para motivar a los alumnos

Potenciar la motivación intrínseca

Pese a que es un tipo de motivación que, por definición, nace del interior de la persona, lo cierto es que existen estrategias para potenciar la motivación intrínseca:

Intentar asociar las actividades de la clase con los intereses del estudiante: deportes, música, eventos de actualidad, cultura audiovisual, etc.

Despertar la curiosidad del estudiante apelando al factor sorpresa. Por ejemplo, señalando discrepancias existentes entre determinadas creencias de la mayoría de la gente sobre muchos temas y la realidad.

Utilizar juegos y actividades, on line y físicas, para hacer las clases más divertidas, amables y cercanas a los alumnos.

Introducir variedad en la organización y estructura de las clases para no aburrir a los alumnos con una excesiva monotonía.

Ceder el protagonismo a los estudiantes

Aunque de vez en cuando pueda ser necesario, e incluso estimulante, alguna clase de tipo «magistral» donde el profesor se limite a exponer sus teorías, conceptos, análisis y conclusiones, lo más recomendable es hacer a los alumnos muy partícipes de la clase. Los alumnos tienen que poder preguntar y opinar si ningún miedo, ni sentirse cohibidos. Un feedback activo, donde todos, en la medida de sus posibilidades, puedan aportar algo hará las clases mucho más amenas, interesantes y provechosas.


Un ejercicio interesante y altamente motivador es pedir a los alumnos (individualmente o por grupos) que aporten y creen un producto cultural relacionado con las materias que se están explicando. Hoy en día existen muchos proyectos interesantes y distintos a la típica redacción u opinión personal por escrito. Por ejemplo, la elaboración de un blog interactivo o un vídeo.



Evitar dar demasiada importancia a las evaluaciones

Además de evitar la ansiedad y una competencia excesiva entre compañeros, los alumnos que estudian con el único objetivo de sacar buenas notas, además de ser más fácil que pierdan la motivación en algún momento, no disfrutan del placer de aprender por el mero hecho de hacerlo e incluso por diversión.

Trasladar la propia motivación a los estudiantes

La motivación también se contagia. Por este motivo, una estrategia muy eficaz es que el profesor comunique su propio interés por la materia a los alumnos. Los chicos son los primeros en detectar la pasión de un profesor por la asignatura, pero también su desgana o falta de interés.

Usar conceptos novedosos

Los recursos tecnológicos y las TICs (tecnologías de la información y comunicación) hace ya tiempo que entraron en el aula. Sin embargo, no se utilizan en todo su potencial. El material interactivo y audiovisual, sobre todo si implica la participación activa de los estudiantes, es una apuesta segura para despertar el interés y la motivación de alumnos de todas las edades. En este tema, la imaginación del profesor o profesora para usar estos recursos con un toque original y motivador es fundamental, Por ejemplo, se puede utilizar el visionado de un vídeo de una película histórica para que los alumnos encuentren fallos e incongruencias, fomentando al mismo tiempo su espíritu crítico.

 

10 estrategias para motivar a tus estudiantes

Como dijo el periodista Horace Greeley, “el maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío”.

1.     Refuérzalos positivamente: Les será muy difícil creer en ellos mismos si no lo haces tú antes, por lo que además debes demostrárselo con cierta frecuencia. Recuerda que son ellos el centro de su aprendizaje, ¡dales el protagonismo que se merecen!

    Utiliza diferentes metodologías: Ya que no todos los estudiantes responden de la misma forma, es importante ir mezclando la forma de trabajar para que todos puedan disfrutar con aquello que más les gusta. Actividades individuales, en equipo, investigaciones, juegos… ¡el límite lo pone tu imaginación!

 Da feedback a tus alumnos: Es muy importante que les expliques dónde se han equivocado y cómo pueden mejorar para la siguiente ocasión, o pueden sentirse perdidos y perder la motivación pronto.

 No tengas miedo a innovar: Aprovecha la fascinación de los más pequeños por las nuevas tecnologías y prueba diferentes herramientas TIC en tus clases, adaptándolas a sus necesidades y al tema a tratar.

 Sé creativo en el uso del espacio: Cambia el escenario de vez en cuando, utilizando los diferentes espacios de la escuela o del entorno (patio, parque, biblioteca…) o cambiando de orden el mobiliario pueden ser geniales ideas para hacer las clases diferentes.

 Marca objetivos alcanzables: Los retos que plantees deben de ser lo suficientemente difíciles como para que requieran un esfuerzo importante (¿conoces el término de ‘zona de confort’?), pero lo suficientemente realistas como para que no acaben siempre en frustración.

 Utiliza sus vivencias como recurso educativo: Relacionar los contenidos con la experiencia de tus estudiantes les permitirá ver la utilidad de lo que están aprendiendo, y les será mucho más sencillo retener los conocimientos sobre ello.

 Sé cercano y atento: Trata a cada estudiante de forma personalizada, intentando dedicarles tiempo exclusivo para hablar con ellos sobre temas académicos o extraescolares.

Ayúdales a superar la frustración: Tus estudiantes necesitan apoyo para reconocer y superar la ansiedad y frustración. Por tu parte, analiza y estudia sus diferentes capacidades y adapta las tareas a ellas.

 Haz de la curiosidad tu mejor herramienta: ¿Habías pensado alguna vez en empezar todas tus clases con una pregunta que llame la atención de tus estudiantes? Ésta es una forma de despertar su curiosidad por el tema, pero seguro que puedes encontrar otras muchas adaptadas a sus preferencias y características.




La mayoría de los estudiantes responden de manera positiva a una asignatura bien organizada, enseñada por un profesor entusiasta que tiene un interés en su aprendizaje.

“El aprendizaje real en la clase depende de la habilidad del profesor para mantener y mejorar la motivación que traían los estudiantes al comienzo del curso (Ericksen, 1978). Sea cual sea el nivel de motivación que traen los estudiantes, será cambiado, a mejor o a peor, por lo que ocurra en el aula”.

Estudios con universitarios han mostrado algunos de los factores que más motivan a los estudiantes, como el entusiasmo del profesor, el material de trabajo y su nivel apropiado de dificultad, la organización de la asignatura, la participación activa de los alumnos, la variedad en el uso de tecnologías docentes, y la conexión entre el profesor y los estudiantes.

EDUCACIÓN. (2018). Como motivar a los alumnos recursos y estrategias. Recuperado de: https://www.universidadviu.com/como-motivar-a-los-alumnos-recursos-y-estrategias/

CENGAGE. 2016/mar/10. Diez estrategias para motivar a los alumnos. Recuperado de: https://latinoamerica.cengage.com/diez-estrategias-para-motivar-a-tus-alumnos/


Síguenos en:



 Inteligencia Kinestésica

¿Qué es la inteligencia kinestésica?

La inteligencia kinestésica (o cinestésica) es la capacidad de controlar el cuerpo físico durante una acción. El dominio corporal se produce como consecuencia de la información que, por efecto del movimiento y de la experiencia, se convierte en aprendizaje.

Un individuo que desarrolla este tipo de inteligencia es capaz de manipular objetos y perfeccionar sus habilidades motoras más allá de una cuestión física, ya que involucra también su habilidad cognitiva que lo conecta al sistema nervioso.

La inteligencia kinestésica implica la coordinación del equilibrio, velocidad, la fuerza y la destreza del individuo para realizar cualquier acción o actividad.

Su potencial puede apreciarse tanto en un deportista de basquetbol que alcanza gran precisión para embocar el balón en el aro, como en un orfebre que tiene un gran control de motricidad fina (su pulso) para manipular piezas muy pequeñas al momento de crear joyas.

Tiempo atrás, la inteligencia kinestésica formaba parte de esos conceptos desconocidos o poco presentes en el ámbito empresarial. Sin embargo, hoy se trata de un concepto familiar y labrado en los dominios de la empresa, con vínculos estrechos, sólidos y firmes con expresiones de una importancia cada vez mayor, como la de gestión por competencias, liderazgo positivo o motivación de equipos humanos.

Dado que en la cultura occidental se ha realizado tradicionalmente una separación entre el cuerpo y la mente, la inteligencia había sido explicada de un modo unívoco (y prácticamente universal) como una capacidad humana eminentemente intelectual hasta que en 1983, el psicólogo Howard Hardner la definió a partir de tres capacidades:

*    Resolución de problemas

*    Creación de productos

*    Potencial para encontrar o crear nuevos problemas

Fue así, al reconocer el dinamismo de la inteligencia, como esta se dividió en ocho tipos:

 

1.      Inteligencia lingüística

2.      Inteligencia musical

3.      Inteligencia lógica matemática

4.      Inteligencia espacial

5.      Inteligencia intrapersonal

6.      Inteligencia interpersonal

7.      Inteligencia naturalista

8.      Inteligencia kinestésica

De esta forma, la consideración de la inteligencia se liberó del corsé meramente cognitivo alcanzando terrenos como los de las emociones, la experiencia o el automovimiento.  La consideración, el análisis y las posibilidades de gestión racional de los aspectos y las facetas más representativas de nuestra especie han dado lugar al surgimiento de conceptos como el de inteligencia emocional, inteligencia cristalizada o flexibilidad cognitiva, entre muchos otros más.

La quinestesia, o kinestesia (del griego kinesis, movimiento) es una disciplina científica que toma como objeto de estudio los movimientos corporales del ser humano y su relación con cuestiones perceptivas, psicológicas y de lenguaje. No es lo mismo (aunque sea parecida) que la quinesiología, también centrada en el movimiento humano, pero con un enfoque más físico y menos perceptivo.

La kinestesia pone especial atención al lenguaje corporal, y aunque a muchos de nosotros se nos presente como un vocablo totalmente nuevo, es un término ampliamente conocido en ámbitos como los de la psicología, las artes escénicas o la comunicación. Dicho esto, no resulta difícil entender en qué consiste la inteligencia kinestésica, ni empezar a vislumbrar algunas de sus principales aplicaciones.



 

La inteligencia kinestésica sería, pues, el conjunto de habilidades que facilitan la conexión y coordinación de la mente con el cuerpo y que permiten correcta gestión física, desde la toma de conciencia a sus movimientos, pasando por la capacidad comunicativa gestual. De su entrenamiento y agilidad dependen las emociones que seamos capaces de transmitir con un simple gesto, la posición de nuestro cuerpo o un determinado movimiento. Desde simples expresiones faciales hasta el modo de andar o presentarnos ante nuestros interlocutores, el cuerpo es un elemento clave en cualquier contexto comunicativo.

Gardner sostuvo que los niños que evidencian este tipo de inteligencia tienen un mayor control de la motricidad para cumplir lo que se proponen (treparse, agarrar un objeto determinado, etc.). Los niños están siempre en movimiento, incluso mientras comen o estudian, por lo que la kinestesia resulta un objetivo primario.

Estimular esta capacidad en una edad temprana puede contribuir al mejor desarrollo cognitivo general del individuo mediante actividades que impliquen el movimiento, la interacción y la manipulación de objetos.

En el sistema educativo actual no se reconoce la capacidad kinestésica en las metodologías de enseñanza como ocurre, por ejemplo, con la inteligencia lógico-matemática. Tampoco tiene suficiente apreciación social o dentro del mundo laboral profesional.

Sin embargo, está científicamente demostrado que el desarrollo de la capacidad corporal kinestésica beneficia al individuo porque potencia su conectividad cerebral y su capacidad cognitiva.

Recomendaciones para escuelas

Es muy importante que se realicen visitas a conciertos, zoológicos, museos, lugares históricos… Para que el alumno pueda ver, tocar y sentir las cosas de forma directa, involucrando su cuerpo.

Para desarrollar esta inteligencia, es recomendable que las escuelas organicen más excursiones y escapadas al aire libre relacionadas con la temática de estudio. Al igual que juegos, representaciones teatrales, bailes… Incluso aprender a tocar instrumentos musicales.

Este método de aprendizaje activo desarrollado a través de la experiencia se está utilizando como método educativo en escuelas alternativas. Para ello, se trabaja con grupos pequeños de niños y se implica al niño directamente en la materia.

Sujeto activo

El alumno no es un sujeto pasivo que solo escucha o lee información, sino que la experimenta a través de su cuerpo y la siente. Parece ser que este método de aprendizaje es más beneficioso que los tradicionales, ya que se adapta a las características individuales de cada niño.

Como consecuencia, se previenen frustraciones y se aumenta la motivación de cada alumno ya que se respeta su ritmo de desarrollo.

De esta forma, las actividades motrices gruesas (movimientos más amplios con todo el cuerpo) y finas (movimientos precisos como los realizados para dibujar o escribir) se integran en el día a día.

Ya que el pequeño debe moverse entre distintos grupos de niños, recoger sus propios materiales, hablar sobre su trabajo con otra persona, salir afuera a buscar algo que necesita para su proyecto, etc. Así, los alumnos mejoran el manejo de sus movimientos a la vez que aprenden.

Fuente:

EAE Bussines School. 2020/may/21. Características y utilidades de la inteligencia kinestésica. Recuperado de: https://retos-operaciones-logistica.eae.es/caracteristicas-y-utilidades-de-la-inteligencia-kinestesica/

Concepto.de. (2020). Inteligencia Kinestésica. Recuperado de: https://concepto.de/inteligencia-kinestesica/

Síguenos en:

Consejos para los niños a manejar la frustración


Consejos para los niños a manejar la frustración


En primer lugar, es importante definir qué es la frustración. La frustración es un sentimiento que surge cuando no logramos conseguir nuestros deseos. Ante este tipo de situaciones, el niño suele reaccionar a nivel emocional con expresiones de ira, de ansiedad o disforia, principalmente, aunque también tiene reacciones físicas (más adelante lo veremos todo en detalle). Son los niños con baja tolerancia a la frustración y, en su caso, el origen de la problemática no se encuentra en las situaciones externas en sí mismas, sino en la forma en la que el pequeño las afronta, y aquí los padres tienen mucho trabajo qué hacer.

 

Educar a los niños con baja tolerancia a la frustración

 



 

Es fundamental enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración desde pequeños, a afrontar esas situaciones en que no consiguen lo que quieren, aunque eso signifique que de vez que veamos a nuestro hijo 'sufrir'. Pero ese sufrimiento es pasajero y muy poco comparado con el que puede sentir cuando se enfrente él solo a los 'NO'" o a los problemas de la vida y no tenga a nadie que le 'alivie'.

Aprender a tolerar la frustración es fundamental para nuestros hijos. Ante cualquier problema pueden sufrir esta amarga sensación de impotencia, rabia y tristeza por no conseguir aquello que desean. Sentimiento que se puede repetir cuando no se cumple un proyecto, una ilusión o un deseo.

“Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse”.

A veces tratamos de evitarles el dolor y las frustraciones, pretendemos hacerles felices dándoles lo que desean, evitándoles las cosas malas, pero estamos equivocados. Una persona feliz no es aquella que no se equivoca nunca o aquella que siempre consigue todo lo que quiere. Todas las personas cometen errores, y a todas las personas les cuesta conseguir lo que quieren. Es parte de la condición humana. Una persona feliz, es aquella que sabe afrontar sus errores, aprende de ellos y sabe superar la frustración de forma constructiva.

Si evitamos a nuestros niños y niñas las frustraciones, llegara un día irremediablemente en el que tendrán que enfrentarse a esto y no podrán hacerlo porque no tendrán los recursos emocionales para ello.

Debemos ver la frustración y los errores como parte de la vida, y por lo tanto es nuestra responsabilidad hacer que los más pequeños estén preparados para ello. Enseñarles a aprender de sus errores, a afrontar los fracasos y superar la frustración, a conseguir sus metas y a esforzarse para ello.

Los niños entre los tres y los seis años son totalmente egocéntricos. No tienen todavía ninguna empatía con su entorno, ni siquiera con sus familiares o sus amiguitos. Su comportamiento egocéntrico es normal y habitual. Nuestros hijos a esas edades no saben esperar porque no tienen desarrollado el concepto del tiempo. Tampoco son capaces de pensar en los deseos y necesidades de los que les rodean. Pero a partir de esa edad los niños empiezan a ser conscientes de su entorno y a sentir empatía.

 

Perfil de los niños con baja tolerancia a la frustración




Por lo general, los niños que no consigue enfrentarse positivamente a la frustración poseen un perfil y unas características así de aproximado:

Son niños exigentes y demandantes.

 

*     Buscan satisfacer sus necesidades en forma inmediata, por lo que frente a la espera o postergación de sus necesidades suelen presentar pataletas y llanto fácil.

*     Les cuesta manejar las emociones.

*     Más impulsivos e impacientes.

*     Pueden desarrollar con más facilidad que otros niños problemas de ansiedad.

*     Son poco flexibles y les cuesta adaptarse a las situaciones nuevas o que no son como se esperan.

 

Reacciones de los niños ante la frustración




 

Cuando el niño no gestiona ni se sabe manejar la frustración, esta se acumula y aparecen otros sentimientos como enfado, ira o rabia. Siente el impulso de atacar, franquear el obstáculo e, incluso de escapar. Cada niño y cada persona reacciona de manera distinta ante esta situación, pero podríamos esta establecer cuatro:

*     Agresión física o psicológica. Aquí habría que hablar, por desgracia, de niños que se autolesionan o que expresan su agresividad con sus padres.

*     Resignación o apatía. Los pensamientos negativos se agolpan en la cabeza con niño. El pequeño se repite constantemente frases como 'no puedo hacer nada' o 'he perdido'.

*     Huida. Esta es una reacción más típica de adolescentes que, como no puede soportar la situación, se aleja de ella.

*     Conversión. La tensión que el niño lleva dentro puede desembocar a dolores físicos o en fatiga y cansancio.

Hay que tener claro que ninguno de estas reacciones solucionará el problema incluso pueden agravarlo. Reconozcamos las emociones y aprendamos a canalizarlas para que sus consecuencias sean las mejores posibles.

 

Cómo enseñar al niño a tolerar la frustración



A manejar y tolerar la frustración se aprende desde pequeño, y depende en gran medida de lo que los padres hagamos.

Cuando un niño presenta baja tolerancia a la frustración, en parte será debido a los aprendizajes que haya tenido y en parte a su carácter. Por eso es fundamental tener claro como padres que la frustración es un 'mal necesario' y que los niños tienen que saber gestionarlo.

El sentimiento de fracaso nos acompaña toda la vida. Lo podemos sufrir en los estudios, el trabajo, en nuestra relación de pareja, con nuestros familiares… Incluso aunque nos esforcemos mucho, nos encontraremos con este incómodo sentimiento.

Aprender a tolerar la frustración es fundamental para el desarrollo de la personalidad. Si no lo hacemos serán más débiles porque no tendrán recursos para afrontarlo. No debemos evitar estas situaciones ni compensarlas con regalos. Las frustraciones cotidianas son oportunidades para aprender a gestionar sus emociones. Los padres debemos acompañar a nuestros hijos y escucharlos en estos momentos en los que la frustración aparece. También ayudarles a buscar soluciones alternativas que les hagan madurar y seguir adelante

Si el niño consigue siempre o casi siempre lo que quiere cuando lo pide, o tras una rabieta obtiene lo que deseaba o se libra de lo que no quería, o si le evitamos cualquier tipo de sufrimiento, (porque nos da pena verle pasarlo mal, porque no queremos que sufra, o por no escucharle más...) no le enseñamos a manejar sus emociones y mucho menos sus conductas.

5 técnicas para enseñar a tolerar la frustración



Aprender del fracaso y los errores no es fácil, pero es necesario para afianzar nuestra personalidad y autoestima. Os vamos a hablar de 5 técnicas para aprender a tolerar la frustración desde pequeños.

1. Dar ejemplo a nuestros hijos

Si los padres mantenemos una situación positiva ante situaciones adversas, les daremos ejemplo sobre cómo hay que afrontar los problemas. Si nos enfadamos o gritamos no les estaremos enseñando cómo tolerar la frustración.

2. Deja que lo haga solo

Aunque nuestro hijo se equivoque o no lo haga de la forma correcta, tiene que aprender a hacer sus tareas solo. No solo aprenderá a ver el error como algo positivo, sino que está desarrollando sus competencias y afianzando su autoestima.

3. Siempre con esfuerzo

Nuestro hijo tiene que aprender desde pequeño que las cosas se consiguen con esfuerzo. No le podemos dar todo resuelto porque no valorará nada. Tampoco le podemos dar tareas que no sea capaz de resolver por edad, madurez o habilidad. Si siempre le damos todo resuelto no asumirá retos, ni se equivocará no podrá aprender de sus errores. Además, aprenderá el valor del esfuerzo y a ser perseverante para solucionar situaciones adversas.

4. No ceder ante sus rabietas y enfados

El arma de nuestros hijos son las rabietas y enfados. Cada vez que cedemos ante estos comportamientos, ellos entienden que es la forma de conseguir todos sus deseos. Tienen que afrontar las situaciones problemáticas y aprender de sus fracasos.

5. Afrontar la frustración de forma constructiva

Para que los niños comprendan sus actitudes antes el fracaso o el error, den aprender a identificarlas y verbalizarlas. Hablar con ellos de lo que les ha ocurrido les ayuda a calmarse. Tenemos que escuchar cómo se siente y cuáles son sus emociones. Luego ya podemos ayudarles a entender su reacción y a buscar soluciones prácticas.

 

 

 

 

 

 

Qué puede hacer los padres con niños con baja tolerancia a la frustración

 


 

Si nos encontramos con que nuestro hijo es un niño con baja tolerancia a la frustración, como padres podemos reconducir esa situación, podemos reeducar al niño para que poco a poco aprenda a manejarla.

Primero debemos analizar qué ha podido llevar a esa situación, (¿normas y límites poco claros?, ¿carácter?) y comenzar a cambiar lo que sea necesario.

*    Ayudar al niño a diferenciar entre sus deseos y necesidades, ayudándole a entender que no siempre se puede tener lo que se quiere cuando se desea.

*     Enseñarle a tolerar la demora del refuerzo o de conseguir lo que quiere. Si me pide algo, no dárselo inmediatamente, sino cuando pueda o yo como adulto considere oportuno y explicarle en qué momento lo tendrá, o por qué no lo tendrá.

*    Cuando el niño se frustre, ayudarle a entender lo que le pasa. De donde viene su tristeza o su enfado, y que exprese con palabras lo que le ocurra.

*    Establecer y poner normas, límites y rutinas claros y acordes a la edad de los niños.

*    En el caso en que la situación nos desborde, acudir a un profesional que nos guíe y nos oriente siempre es la mejor opción que los padres podemos barajar. Nos ayudará a analizar la situación y nos ayudará, también, en el proceso.

Cambia la manera de ver los fracasos. Haz que no vean los fracasos como algo negativo, no consiste en el todo o nada, sino en aprender de lo que hemos hecho y como lo hemos hecho. Cuando algo les salga mal debemos hacer que no lo vean como algo negativo, son cosas que pasan, y que lo importante es darse cuenta de donde nos hemos equivocado para que no vuelva a ocurrir.

Convierte la frustración en aprendizaje. Que el niño lo conciba como una oportunidad para aprender y ser creativo.

Enséñale que en toda situación de fracaso puede haber algo positivo. Esto puede parecer complicado, pero es fundamental. Ante todo, fracaso hay siempre algo positivo que es la capacidad de aprender de ello, la posibilidad de crecer como persona también.

Educa en el esfuerzo, pero marcando objetivos razonables. Los niños y niñas han de aprender que para conseguir ciertas cosas es necesario esforzarse. De esta manera verán que el esfuerzo es una manera de solucionar sus fracasos.

Fuente:

Ocampo, Jimena. 2020/mar/21. Niños con baja tolerancia a la frustración. Recjuperado de: https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/conducta/ninos-con-baja-tolerancia-a-la-frustracion/

Psicologia. (2019). Cómo puedes ayudar a tu hijo a gestionar la frustración. Recuperado de: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/psicologia-infantil/como-ayudar-hijo-gestionar-frustracion/

Síguenos en: